a Alba Ruibal
Todavía tenemos,
amiga mía, un nombre
común que nos vincula
con ese que se acerca
a nuestra mesa y pide
--¡letanía!-- un billete:
es nuestro hermano. Cuando
en este mundo nadie
diga así (y no me importa
si existe Dios o no),
todo se habrá perdido
para todos nosotros.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario